domingo, 25 de enero de 2009

LA REVOLUCION DE LA CIENCIA DE EUGENIO DÜHRING

Huertas' Blog

Archivo Marx-Engels


LA REVOLUCION DE LA CIENCIA DE EUGENIO DÜHRING

( "ANTI-DÜHRING" ) - 1878 -

Kart Marx

"el carácter científico de la jurisprudencia... es escaso", que el derecho positivo civil burgués es la injusticia, pues sanciona la propiedad por la fuerza, y que el "fundamento natural" del derecho penal es la venganza,

La cosa se presenta efectivamente muy rara en esa exposición "depurada" por el señor Dühring. En la página 313[17] (de la segunda edición de El Capital) Marx infiere de su precedente investigación sobre el capital constante y variable y sobre la plusvalía la consecuencia de que "no toda suma cualquiera de dinero o valor es transformable en capital, sino que para esa transformación hay que presuponer la existencia de un determinado mínimo de dinero o valor de cambio en las manos del propietario particular de dinero o mercancías". Marx pone entonces como ejemplo que en alguna rama del trabajo el trabajador trabaje ocho horas al día para sí mismo, es decir, para la producción del valor de su salario, y las cuatro horas siguientes para el capitalista, para la producción de plusvalía que va, por de pronto, al bolsillo de éste. En este caso alguien tiene que disponer de una suma de valor que le permita suministrar a dos obreros materia prima, medios de trabajo y salario, para obtener diariamente la plusvalía necesaria para vivir como uno de sus trabajadores. Y como la producción capitalista no tiene como objeto la mera manutención, sino el aumento de la riqueza, nuestro hombre con sus dos obreros no sería aún un capitalista. Sólo para vivir dos veces mejor que un trabajador corriente y para retransformar en capital la mitad de la plusvalía producida tendría ya que poder ocupar a ocho trabajadores, o sea poseer el cuádruplo de la suma de valor antes supuesta. Y sólo después de esto, y en el curso de otras indicaciones más, destinadas a aclarar y fundar el hecho de que no toda pequeña suma de valor puede transformarse en capital, sino que para cada período del desarrollo y para cada rama industrial existen límites mínimos determinados, observa Marx: "Aquí, como en la ciencia de la naturaleza, se confirma la corrección de la ley descubierta por Hegel en su Lógica, según la cual cambios meramente cuantitativos se mutan en un determinado punto en diferencias cualitativas."

Escrito: Por Engels (con contribuciones de Marx)..
Publicado por vez primera: En 1878.
Versión al castellano: Instituto del Marxismo-Leninismo & Editorial Progreso, Moscú.
Digitalización: Ediciones Bandera Roja.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2003.


¿Qué es la concepción del mundo?. El Anti-During de Engels

Esta tercera lectura, Manuel Sacristán se pregunta ¿qué es una concepción del mundo? basándose en el anti-during de Engels. El texto para de la premisa que una concepción del mundo no es un saber, ni un conocimiento en el sentido de la ciencia positiva, si no que es un serie de principios que dan razón de la conducta de un sujeto, sin que éste se los formule de forma explicita. Hay hechos, principios o creencias que están muchas veces implícitas en el sujeto, simplemente porque están explicitas en la cultura de la sociedad en la que vive ese sujeto. Esa cultura contiene el conjunto de afirmaciones acerca de la naturaleza del mundo físico y de la vida en general. Pero esta idea, sin embargo no permite saber cual es realmente la concepción del mundo realmente en esa sociedad, es decir, no podemos ser un mero reflejo de la realidad que nos rodea, ese reflejo es una ideología.

El anti-during plantea como principal problema el papel de la concepción del mundo respecto del conocimiento científico-positivo, y así para el estudio de las relaciones entre estos dos conceptos simplemente hay que atender a los aspectos formales de ambas, de tal manera, que las concepciones del mundo suelen presentarse en forma de credo religioso-moral o de sistema filosófico, éste último, especialmente hasta el siglo XIX. La filosofía como sistema o filosofía sistemática nació como pugna al credo religioso, pero se vio perdida una y otra vez en diferentes campos por las ciencias positivas, lo cual la llevo a intentar salvar su sustantividad en un repertorio de supuestas verdades superiores a las de toda ciencia, en algún caso, pretende dar razonamiento al contenido de las ciencias, por lo que, la concepción del mundo quiere ser un saber, conocimiento real del mundo, con la misma positividad que el de la ciencia. Pero esta pretensión fracasa a mediados del siglo XIX, con la disgregación del sistema filosófico de la historia de Hegel. Este sistema pretende desarrollar sistemáticamente y mediante afirmaciones materiales la verdad del mundo, aunque Engels lo considere un aborto colosal. El porque la filosofía sistemática fracasa, principalmente porque el conocimiento científico positivo se constituye en la Edad Moderna. Éste conocimiento se caracteriza por su intersubjetividad y por su capacidad de posibilitar previsiones exactas, aunque maneja conceptos artificiales y maquinaciones mentales en contra de los conceptos intuitivos de la tradicional filosofía. La intersubjetividad se refiere a que todas las personas adecuadamente preparadas entienden su formulación del mismo modo, y quedan informadas del sistema de comprobación para verificar dichas formulaciones, sin embargo, la tradición filosófica basada en el pensamiento que es mucho menos operativo queda superado por esta concepción del mundo que da seguridad y rendimiento al hombre. La concepción del mundo contiene afirmaciones sobre cuestiones no resolubles por los métodos del conocimiento basados en la verificación o falsación empírica y la argumentación analítica, pero hay cuestiones, sin ir más lejos la existencia o inexistencia de Dios, que no es susceptible de prueba empírica, por lo que el conocimiento positivo tiene que atender más a una concepción del mundo más que a otra, por esto, la concepción del mundo no debe tomar como única fuente de conocimiento real a la ciencia, ya que ésta se vería por delante y por detrás de la investigación positiva, por detrás construyendo en base a los resultados de la investigación y por delante como visión general de la realidad, inspiradora y motivadora de la misma investigación.

Por otro lado, el texto aborda la concepción marxista del mundo, que es la concepción materialista y dialéctica del mundo, que esta movida por la aspiración a terminar con la obnubilación de la consciencia, con la presencia en la conducta humana de factores no reconocidos o idealizados, por lo que es una concepción del mundo explicita, pero además, no puede considerar sus elementos explícitos como un sistema del saber superior al positivo, para Engels, el nuevo materialismo no es una filosofía, es una concepción del mundo, que tiene que sostenerse y actuarse no en una sustantiva ciencia de la ciencia, sino en la ciencias reales. Para Engels, queda superada y preservada la filosofía, superada en cuanto a su forma y preservada en cuanto a su contenido real. Esta idea deja a la concepción de lo filosófico no por encima de la ciencia sino como un nivel del pensamiento científico, para que el investigador, inspire, reflexione sobre su marcha y sus resultados. Pero esta formula de Engels se va ha encontrar con la recusación de toda la filosofía sistemática que dice que no hay conocimiento aparte por encima del positivo, además puesto que su punto de partida y de llegada es la ciencia real, esa concepción del mundo no puede querer más que explicitar la motivación de la ciencia misma, esto recibe el nombre en la filosófica clásica de “inmanentismo”. La explicación de los fenómenos debe buscarse en otros fenómenos, no en instancias ajenas o superiores en el mundo, éste principio que es básico en el hacer científico, perdería su sentido si tuviera que admitir la acción de causas no naturales, que la ciencia se esfuerza en ir construyendo para entender la realidad. El inmanentismo, muy identificado con la concepción marxista del mundo, parte de la idea de que el mundo debe explicarse por sí mismo, por lo que el materialismo es lo primero, pero éste es sólo uno de los dos principios fundamentales, según Engels, de la concepción comunista del mundo, el otro principio es la dialéctica. Ésta se inspira no tanto en el hacer científico-positivo cuanto en las limitaciones del mismo. La ciencia positiva realiza el principio del materialismo a través de una metodología analítico-reductiva, eliminando formaciones complejas y cualitativas, tiende incluso a obviar conceptos de este tipo para limitarse en lo esencial al manejo de relaciones cuantitativas, esto le permite al análisis reductivo penetrar muy material y eficazmente en la realidad porque posibilita el planteamiento de preguntas muy exactas y porque posibilita a la larga la formación de conceptos más adecuados. Pero el análisis reductivo prescinde de la peculiaridad cualitativa y con ello se pierde una parte de lo concreto, la parte decisiva para la individualización de los objetos. La ciencia positiva no da los todos concretos y complejos, es decir, no suministra su totalidad, su consistencia concreta, y el campo del pensamiento dialéctico es precisamente el de las totalidades concretas. La concepción del mundo tiene que dar una comprensión de las totalidades concretas, pues la practica humana no solo tiene que penetrar en el análisis reductivo de la realidad, sino tratar y entender las concreciones reales, aquello que la ciencia no puede recoger, por esto, una dialéctica materialista consiste en recuperar lo concreto sin hacer intervenir más datos que los materialistas del análisis reductivo, dando como resultado, la estructuración de éstos en la formación individual o concreta, en los “todos naturales”. El análisis marxista se propone entender la individual situación concreta sin postular más resultados que los de la abstracción y el análisis reductivo científico, luego el nivel del análisis dialéctico, es el nivel de la comprensión de las concreciones o totalidades, que son ante todo los individuos vivientes y las particulares formaciones históricas.

Qué es la concepción del mundo?
Una concepción del mundo es una serie de principios que dan razón de la conducta de un sujeto, a las relaciones entre los hombres. La vida cotidiana puede interpretarse en términos de principios o creencias muchas veces implícitas.
Esos principios están explícitos en la cultura de la sociedad en que vive y ésta tiene un conjunto de afirmaciones acerca de la naturaleza del mundo físico y de la vida.
La existencia de una formulación explícita de la concepción del mundo en la cultura de una sociedad permite averiguar cuál es la concepción del mundo realmente activa en esa sociedad, el carácter de sobreestructura pues el reflejo de ésta tiene mucho de ideología y detrás puede haber una creencia mucho más cínica.
Para aclararse el papel de la concepción del mundo respecto del conocimiento científico-positivo puede pasarse por alto ese punto, para el estudio de las relaciones entre concepción del mundo y ciencia positiva, basta con atender a los aspectos formales de ambas.
Las concepciones del mundo solían presentarse en forma de sistema filosófico hasta el siglo XIX. La filosifía sistemática se vio arrebatar un campo temático tras otro por las ciencias positivas, y acabó con supuestas verdades superiores a las de toda ciencia. La filosofía sistemática presenta la pretensión de dar de sí por razonamiento el contenido de las ciencias positivas.
Esta pretensión fracasó a mediados del XIX con la disgregación del sistema filosófico de Hegel, que pretende desarrollar mediante afirmaciones materiales la verdad del mundo.
Las causa principal por las que la pretensión de la filosofía sistemática acaba por caducar es la constitución del conocimiento científico postivo durante la Edad Moderna. Este conocimiento destaca por su intersubjetividad y por su capacidad de posibilitar previsiones exactas.
El que las concepciones del mundo carezcan de característicos del conocimiento positivo es necesario: ésta contiene afirmaciones sobre cuestiones no resolubles por los metodos decisorios del conocimiento positivo, la verificación o falsación empíricas y la argumentación analítica. Estos rasgos permiten plantear correctamente las relaciones entre concepción del mundo y conocimiento científico-positivo.
La ideología dominante en la sociedad hace profesar al científico, la investigación en combinación con las necesidades internas, dialéctico-formales.

La concepción marxista del mundo
La “concepción materialista y dialéctica del mundo” movida por la aspiración de terminar con la obnubilación de la consciencia, con la presencia en la conducta humana de factores no reconocidos o idealizados. Es una concepción del mundo explícita.
La liberación de la conciencia supone la liberación de la práctica, las manos. La concepción marxista del mundo no puede considerar sus elementos explícitos como un sistema de saber superior al positivo. Lo filosófico no es un sistema superior a la ciencia, sino como un nivel de pensamiento científico: reflexión sobre la marcha y resultados.
La recusación de toda filosofía sistemática: no hay conocimiento aparte, por encima del positivo; intenta explicar la motivación de la ciencia misma para llegar a la “ciencia real”. Esta motivación es el “inmanentismo”, la explicación de los fenómenos debe buscarse en otros fenómenos, en el mundo, y no en instancias ajenas o superiores al mundo, ya que si fuese así no seria conocimiento científico y perdería todo sentido.
En este postulado de inmanentismo se basa la concepción marxista del mundo. El primer principio de la concepción marxista del mundo es en enunciado del postulado inamentista: el mundo debe explicarse por sí mismo.


El materialismo es uno de los dos principios fundamentales de lo que Engels llama “concepción comunista del mundo”.

El otro es el principio de la dialéctica. Un estudio del lugar de la dialéctica en el pensamiento marxista exige un corto rodeo por el terreno del método de la ciencia positiva a través de la metodología analítico-reductiva, eliminación de factores irracionales en la explicación del mundo, obviar conceptos con contenido cualitativo, para limitarse en lo esencial al manejo de las relaciones cuantitativas, o al menos materialmente vacias, formales.
Lo que interesa al análisis reductivo del fenómeno era la consecución de un número que midiera la fuerza en cuestión.
El análisis reductivo tiene regulamente éxito. Un éxito descomponible en dos aspectos: la reducción de fenómenos complejos a nociones más homogéneas, permite penetrar en la realidad porque posibilita las preguntas exactas a la naturaleza; y posibilita a la larga la formación de conceptos más adecuados.
Prescinde de la peculiaridad cualitativa, los conceptos de la ciencia que en sentido estricto son generales. En este conocimiento se pierde una parte de lo concreto: la parte decisiva de la individualización de los objetos.
Los “todos” concretos y complejos no aparecen en el universo del discurso de la ciencia positiva.
El campo o ámbito de relevancia del pensamiento dialéctico es el de las totalidades concretas. Hegel ha expresado que la verdad es el todo.
La tarea de la dialéctica materialista consiste en recuperar lo concreto sin hacer intervenir más datos que los materialistas del análisis reductivo como resultado nuevo de la estructuración del éstos en la formación individual, o concreta , en los “todos naturales”.
El analisis marxista se propone entender la individual situación concreta sin postular más componentes de la misma que los resultantes de la abstracción y el análisis reductivo científicos.
El analisis dialéctico es la comprensión de las concreciones o totalidades que son ante todo lso individuos vivientes, y las particulares formaciones historicas, las “situaciones concretas”.






INTRODUCCION

SECCIÓN PRIMERA

FILOSOFIA

SECCIÓN SEGUNDA

ECONOMIA POLITICA

SECCIÓN TERCERA

SOCIALISMO

XIV. CONCLUSION

Hemos terminado con la filosofía; lo que en el Curso queda en materia de fantasías futuristas nos ocupará con ocasión de la subversión duhringiana del socialismo. ¿Qué nos ha prometido el señor Dühring? Todo. ¿Y qué ha cumplido? Nada absolutamente. "Los elementos de una filosofía real y consecuentemente orientada a la realidad de la naturaleza y de la vida", la "concepción rigurosamente científica del mundo", los "pensamientos creadores de sistema" y todas las demás hazañas del señor Dühring, pregonadas por el señor Dühring con sonoras frases, han resultado ser, las cogiéramos por donde las cogiéramos, pura patraña. El esquematismo universal que "sin perdonar nada en cuanto a profundidad de pensamiento ha fijado con seguridad las estructuras básicas del ser" resultó ser un eco infinitamente corrompido de la Lógica hegeliana, y compartir con ésta la superstición de que dichas "estructuras básicas" o categorías lógicas tienen en algún lugar una misteriosa existencia propia, antes que el mundo y fuera del mundo al que hay que "aplicarlas". La filosofía de la naturaleza nos ofreció una cosmogonía cuyo punto de partida es un "estado de la materia idéntico consigo mismo", un estado sólo imaginable en base a la más insalvable confusión sobre la conexión de naturaleza y movimiento, y sólo, también, en base al supuesto de un Dios personal extramundano, el único ser que puede llevar de ese estado al movimiento. En el tratamiento de la naturaleza orgánica, la filosofía de la realidad, luego de haber condenado la lucha por la existencia y la selección natural darwinianas como "una pieza de brutalidad dirigida contra la humanidad", tuvo que volver a darles entrada por la puerta falsa, como factores activos en la naturaleza, aunque de segundo orden. Esta filosofía tuvo además ocasión de documentar en el terreno de la biología una ignorancia que, desde que las conferencias de divulgación científica florecen por todas partes, habría que buscar con una linterna incluso entre las jovencitas de la buena sociedad. En el terreno de la moral y del derecho, esa

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filosofía no ha tenido con la trivialización de Rousseau más fortuna que con la anterior corrupción de Hegel, y por lo que hace a la ciencia jurídica ha mostrado también, pese a toda la enfática afirmación de lo contrario, un desconocimiento que no es fácil encontrar ni en los más vulgares juristas de la vieja escuela prusiana. La filosofía "que no deja en pie ningún horizonte meramente aparente" se contenta jurídicamente con un horizonte real que coincide con el ámbito de vigencia del derecho territorial prusiano. Seguimos esperando los "cielos y las tierras de la naturaleza interna y externa" que esa filosofía prometía desplegar ante nosotros con su movimiento de poderosa subversión, igual que seguimos esperando las "verdades definitivas de última instancia" y lo "absolutamente fundamental". El filósofo cuyo modo de pensar "excluye toda veleidad de presentación subjetivista limitada del mundo" resulta estar no sólo subjetivamente limitado por sus conocimientos, probadamente muy deficientes, por su mentalidad metafísicamente limitada y por su grotesca vanidad, sino incluso por pueriles manías personales. El filósofo no consigue producir su filosofía de la realidad sin imponer a toda la humanidad, judíos incluidos, su repugnancia por el tabaco, los gatos y los judíos, como si esa repugnancia fuera una ley de validez universal. Su "punto de vista realmente crítico" contra otros autores consiste en atribuirles tenazmente cosas que ellos no han dicho, pues son fabricación personalísima del señor Dühring. Sus difusas jeremíadas sobre temas honradamente pequeñoburgueses como el valor de la vida y el mejor modo de gozar de ella son de una tal afectada trivialidad que explican muy bien su cólera contra el Fausto de Goethe. Es sin duda imperdonable en Goethe el haber hecho un héroe del inmoral Fausto, y no del serio filósofo de la realidad Wagner.[23][24] lucecilla cuya tenuidad y transparente trivialidad no se adensan ni enturbian sino por los humos de las sentenciosas palabras que la atraviesan. Y al terminar el libro del filósofo sabemos tanto como al principio, y nos vemos obligados a confesar que el "nuevo modo de pensar" y los "resultados y las concepciones radicalmente propios" y los "pensamientos creadores de sistema" nos han ofrecido sin duda diversos y nuevos absurdos, pero ni siquiera una línea de la que pudiéramos aprender algo. Y este hombre que alaba sus artes y mercancías a fuerza de tambores y trompetas más ruidosos que los del más ordinario pregonero del mercado, este hombre bajo En resolución, la filosofía de la realidad, tomada en su conjunto, resulta ser, para hablar con Hegel, "la más pálida lucecilla de la ilustracioncilla alemana",

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cuyas grandes palabras no se esconde nada, absolutamente nada, ese hombre se permite encima llamar charlatanes a gentes como Fichte, Schelling y Hegel, el más pequeño de los cuales es aún un gigante en comparación con él. Charlatán, efectivamente. Pero ¿quién?